lunes, octubre 29, 2007

Barrio de Maravillas [Feísmo] (Rosa Chacel)

Ya sabes que me revientan los caprichos de Goya y los enanos de Velázquez... Porque, vamos a ver, ¿qué se saca con pintar El Bobo de Coria? Dejarlo ahí para un buen rato, para que sepamos que las gentes de aquel entonces se entretenían mirando esa podre, esos ojos en descomposición... Lo de ahora es muy diferente: en estas cosas que parecen feas hay una belleza... Una belleza que no se ve, aunque se escriba o se pinte. [...] tienes que entenderlo, a la fuerza. Hay una belleza en todo eso, que no es la que le ponen a uno delante. Es como si dentro, al fondo de lo que se ve hubiera una cosa mejor... Por ejemplo, si te ponen escenas entre gente pobre, miserable, no es para que te conmuevas -bueno, sí es para que te conmuevas, pero también para otra cosa-, es para que sientas, o sepas, que entre esos personajes -no porque sean personajes, no porque estén pasando malos ratos, sino porque forman o pertenecen a un... algo así como un género... Más todavía, no es que ellos sean lo que son, sino que ellos, entre ellos están haciendo algo...[...] no sé cómo decirte, todo, lo están haciendo todo.

Barrio de maravillas
Rosa Chacel

Corazón Cuarteado [Rey salvador o vagabundo] (Anaïs Nin)

Le costó despertar. Sus sueños de magnificencia y de grandeza pesaban sobre su cuerpo como atuendos reales, pero el rostro que abrió al alba era el rostro de la inocencia, la inocencia con la que todo hombre se enfrenta al nuevo día. Djuna leyó en él lo que se había negado a ver, la otra cara de Rango, el niño, alojada ahora en el cuerpo de un hombre corpulento mediante un simple truco.
Había sido un juego: «Djuna, estate ahí y mira cómo hago de rey y salvador. Cuando te lo diga, me admirarás». Y ella reiría y diría: «No sé si sabes que, a decir verdad, prefiero a un vagabundo que toque la guitarra».

Corazón Cuarteado
Anaïs Nin

lunes, octubre 22, 2007

La imaginación en la literatura infantil (Gianni Rodari)

Un libro para niños se puede considerar como logrado cuando interesa a los niños y estimula y compromete sus energías morales, toda su personalidad, al igual que hace un buen juguete. Esto quiere decir que el libro ha de responder a cualquier pregunta fundamental, a cualquier necesidad real de los niños, ha de ser, en cierta manera, un instrumento de su crecimiento. ¿De qué manera? No hay que olvidar que un niño no es una flecha que va en una sola dirección, sino muchas flechas que simultáneamente van en muchas direcciones. Es un centro de actividades y de relaciones. Es una mano que juega, una mente que absorbe, un ojo que juzga. No le llega un tipo único de estímulos, sino que le impactan de mil clases. El crecimiento es una investigación para la que tiene necesidad de una gran variedad de materiales y, por lo tanto, de libros diversos que constituyen a la vez algo semejante a una "biblioteca de trabajo", un campo de juego, un gran espacio abierto, que pueda gestionar libremente y que está a su servicio en distintos momentos. Libros al servicio de los niños, no niños al servicio de los libros. Libros para niños productores de cultura y de valores, no para niños consumidores pasivos de valores y de cultura producidos y dictados por otro.

La imaginación en la literatura infantil
Gianni Rodari

Corazón [De los Apeninos a los Andes] (Edmundo de Amicis)

.- Yo iré a América a buscar a mi madre.
El padre movió la cabeza, entristecido, y no respondió. Era algo loable, pero imposible de realizar. ¿Cómo iba a ir solo a América un chico de trece años, si hacía falta un mes para llegar? Pero el muchacho insistió en su idea aquel día y en los sucesivos, sin ninguna vacilación y razonando como un hombre.
.- Otros han ido -decía- y aun menores que yo. Una vez en el barco, llegaré allá como cualquier otro, y cuando esté en Buenos Aires no tengo más que buscar el comercio del tío. Hay tantos italianos por aquellas tierras, que alguno me dirá por dónde he de ir. Una vez que encuentre al tío, encontraré a mamá, y si no la encuentro, acudiré al Cónsul y buscaré a la familia argentina. Ocurra o que ocurra, allí hay trabajo para todos, y alguno encontraré para ganar lo suficiente con que pagar el pasaje de vuelta.
De esta forma, poco a poco casi logró convencer a su padre. Este lo apreciaba, sabía que era un chico juicioso y valiente, acostumbrado a las privaciones y a los sacrificios, cualidades que darían doble fuerza a su corazón para llevar a buen fin el propósito de encontrar a su madre, a la que adoraba.

De los Apeninos a los Andes, extraído de Corazón
Edmundo de Amicis

La Mirada Inocente [Vejez del artista] (George Simenon)

Siguió pintando todo el día. En la mayor parte de sus telas había huellas de su madre, de su hermana Alice e incluso de la pequeña Emilie. Nadie se daba cuenta de ello. También el rostro de los gemelos reapareció varias veces, la estufa, la canica amarilla y la sábana agujereada que separaba los jergones de la cama de Gabrielle.
Pronto cumpliría setenta años y andaba a pasitos cortos, consciente de su fragilidad. Por la noche, le gustaba sentarse en algún cine de barrio, en medio del calor del gentío. Cuando proyectaban películas antiguas, veía a los actores de cuando él era joven y apenas sí se había percatado de la existencia del cine.
Había trabajado mucho. Y seguía trabajando. Aún tardaría años antes de expresar lo que desde el principio había sentido agitarse en su interior.

La mirada inocente
Georges Simenon

La Mirada Inocente [Miedo infantil] (George Simenon)

Se sentía diminuto. Los pelirrojos tenían razón. En caso de que viviera, si lo ayudaban a vivir, sería el más pequeño de la familia.
No era más que un niño y la idea de convertirse en un adulto algún día casi le daba miedo. Su madre estaría vieja, tan vieja como su abuela. Incluso es posible que se hubiera muerto.
En cuanto se hiciera mayor, Vladimir se marcharía y no volvería a verlo. Luego les tocaría a los gemelos. ¿Por qué imaginaba que se casarían con la misma mujer?
El podría casarse con su hermana Alice, para que se quedara siempre con él. Le daba miedo que lo dejaran solo. Si lo abandonaban se moriría.

La mirada Inocente
Georges Simenon

La Mirada Inocente [Pintar la realidad] (George Simenon)

Por entonces se apañaba mejor con las pinceladas de colores puros, sobre todo desde que pintaba sobre tela. Lo que más difícil le resultaba era yuxtaponer armónicamente cosas que en apariencia no tenían relación alguna entre sí.
No trataba de copiar la realidad, una silla, una calle, una mujer o un tranvía. Es cierto que a veces lo hacía, como ejercicio, y que el resultado era bastante bueno. Pero eran imágenes. Y él perseguía la realidad misma tal y como la veía, o, mejor dicho, tal y como quedaba grabada, sin su intervención consciente, en su imaginación.

La mirada inocente
Georges Simenon

La Mirada Inocente [Pobreza del artista] (George Simenon)

Durante diez años llevó el mismo traje, confeccionado con el terciopelo acanalado con que se hacían, cuando era pequeño, los pantalones de los jornaleros. No lo había elegido para tener aspecto de pintor, sino porque siempre había deseado uno así. Por lo demás, no se preocupaba demasiado por la ropa y a veces llevaba la misma camisa durante quince días. [...]
No era pobre ni rico. Se pasaba el día pintando, en busca de esa irradiación del espacio que perseguía desde hacía tanto tiempo y que perseguiría durante el resto de su vida.

La Mirada Inocente
George Simenon

El salmo de la vida (Henry Wadsworth Longfellow)

Desconfía del futuro por agradable que sea!
Deja que el pasado muerto entierre a sus muertos.
¡Actúa, actúa en el vivo presente
el corazón firme y Dios guiándote!
Las vidas de los grandes hombres nos recuerdan
que podemos sublimar las nuestras,
y al partir tras de sí dejan
sus huellas en las arenas del tiempo.

Huellas por las que quizás otro que navegue
por el solemne océano de la vida,
un hermano náufrago desolado,
al verlas, vuelva a recobrar la esperanza.

En pie y manos a la obra,
con ánimo para afrontar cualquier destino.
Logrando y persistiendo,
aprendiendo así a trabajar y a esperar.

El Salmo de la Vida
Henry Wadsworth Longfellow

La hija del caníbal (Rosa Montero)

Nada hay hoy en mí que sea igual a la Lucía de hace veinte años. Nada, salvo el empeño de creerme la misma. Esa voluntad de ser es lo que los burócratas llaman identidad; o lo que los creyentes llaman alma. Yo me imagino a la pobre alma como una sombra flojamente entretejida en el vapor de una tela de araña; y esa sombra se aferraría con dedos transparentes a las células vertiginosas de la carne (células veloces que mueren y que nacen a toda prisa) intentando mantener la continuidad, de igual manera que una vasija, puesta debajo de un grifo y rebosante de agua, impone en el líquido una misma forma, aunque el agua que contenga sea siempre distinta. O sea que, bien mirados, los humanos no somos otra cosa que una especie de botijos rebosantes.

La hija del caníbal
Rosa Montero

El hombre en busca de sentido [Libertad espiritual y Felicidad] (Viktor Frankl)

Los que estuvimos en campos de concentración recordamos a los hombres que iban de barracón en barracón consolando a los demás, dándoles el último trozo de pan que les quedaba. Puede que fueran pocos en número, pero ofrecían pruebas suficientes de que al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas —la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias— para decidir su propio camino.
Y allí, siempre había ocasiones para elegir. A diario, a todas horas, se ofrecía la oportunidad de tomar una decisión, decisión que determinaba si uno se sometería o no a las fuerzas que amenazaban con arrebatarle su yo más íntimo, la libertad interna; que determinaban si uno iba o no iba a ser el juguete de las circunstancias, renunciando a la libertad y a la dignidad, para dejarse moldear hasta convertirse en un recluso típico.
[...]
Dostoyevski dijo en una ocasión: "Sólo temo una cosa: no ser digno de mis sufrimientos" y estas palabras retornaban una y otra vez a mi mente cuando conocí a aquellos mártires cuya conducta en el campo, cuyo sufrimiento y muerte, testimoniaban el hecho de que la libertad íntima nunca se pierde. Puede decirse que fueron dignos de sus sufrimientos y la forma en que los soportaron fue un logro interior genuino.
Es esta libertad espiritual, que no se nos puede arrebatar, lo que hace que la vida tenga sentido y propósito.

El hombre en busca de sentido
Viktor Frankl

El hombre en busca de sentido [Amor y Felicidad] (Viktor Frankl)

Un pensamiento me petrificó: por primera vez en mi vida comprendí la verdad vertida en las canciones de tantos poetas y proclamada en la sabiduría definitiva de tantos pensadores. La verdad de que el amor es la meta última y más alta a que puede aspirar el hombre. Fue entonces cuando aprehendí el significado del mayor de los secretos que la poesía, el pensamiento y el credo humanos intentan comunicar: la salvación del hombre está en el amor y a través del amor. Comprendí cómo el hombre, desposeído de todo en este mundo, todavía puede conocer la felicidad —aunque sea sólo momentáneamente— si contempla al ser querido. Cuando el hombre se encuentra en una situación de total desolación, sin poder expresarse por medio de una acción positiva, cuando su único objetivo es limitarse a soportar los sufrimientos correctamente —con dignidad— ese hombre puede, en fin, realizarse en la amorosa contemplación de la imagen del ser querido. Por primera vez en mi vida podía comprender el significado de las palabras: "Los ángeles se pierden en la contemplación perpetua de la gloria infinita."

El hombre en busca de sentido
Viktor Frankl

miércoles, octubre 17, 2007

Al faro (Virginia Woolf)

Qué insignificante era todo esto, qué aburrido es todo, pensaba él, comparado con lo otro, con el trabajo. Aquí estaba, tambaleando con los dedos sobre el mantel, cuando podría estar... vio su propio trabajo como a vista de pájaro. ¡Vaya si era perder el tiempo! Aunque, es una de mis más antiguas amigas. Debo de ser uno de los fieles. Pero ahora, en este preciso momento la presencia de ella no le decía nada; su belleza lo dejaba indiferente; lo de estar sentada junto a la ventana con el niño: nada, nada. Deseaba estar solo, y coger de nuevo el libro. Se sentía incómodo, se sentía falso; lo hacía sentirse así el hecho de estar sentado junto a ella, y no sentir nada. Lo cierto es que él no disfrutaba con la vida familiar. Cuando se hallaba uno en estas circunstancias es cuando se preguntaba, ¿es para que progrese la raza humana para lo que se toma uno tantas molestias? ¿Es eso tan deseable? ¿Somos una especie atractiva? [...] Preguntas necias, preguntas vanas, preguntas que no se hacían cuando había algo que hacer. ¿Es esto la vida? ¿Es aquello? No había tiempo para pensar cosas como ésa.

Al faro
Virginia Woolf

Yo la que te quiere (Gioconda Belli)

[...]
Yo soy el inexplorado camino,
la claridad que rompe la tiniebla.
Yo pongo estrellas entre tu piel y la mía
y te recorro entero,
sendero tras sendero,
descalzando mi amor,
desnudando mi miedo.
Yo soy un nombre que canta y te enamora
desde el otro lado de la luna,
soy la prolongación de tu sonrisa y tu cuerpo.
Yo soy algo que crece,
algo que ríe y llora.
Yo,
la que te quiere.

Yo la que te quiere
Gioconda Belli

martes, octubre 16, 2007

Informe sobre la Tierra (Douglas Adams)

Lejos, en las negras profundidades del espacio invisible había movimiento.
[...]
En el extremo mismo del sistema solar, acurrucado en un sofá verde de imitación de cuero, con aire malhumorado y la vista fija en una batería de televisores y pantallas de ordenador, estaba el jefe de los grebulones, que parecía muy preocupado. Movía las manos nerviosamente. Hojeaba su libro de astrología. Manipulaba la consola del ordenador. Cambiaba las imágenes que continuamente le enviaban los demás aparatos grebulones de grabación, todos ellos enfocados al planeta Tierra.

Informe sobre la Tierra
Douglas Adams

Una breve historia de casi todo [Tierra y conservación] (Bill Bryson)

Somos terriblemente afortunados por estar aquí... y en el “somos” quiero incluir a todos los seres vivos. Llegar a generar cualquier tipo de vida, sea la que sea, parece ser todo un triunfo en este universo nuestro. Como humanos somos doblemente afortunados, claro. No sólo gozamos del privilegio de la existencia sino también de la capacidad singular de apreciarlo e incluso, en muchísimos sentidos, de mejorarla. Se trata de un truco que sólo acabamos de empezar a dominar.
Hemos llegado a esta posición eminente en un periodo de tiempo de una brevedad asombrosa. Los humanos conductualmente modernos llevamos por aquí sólo un 0,0001% más o menos de la historia de la Tierra.., casi nada, en realidad, pero incluso existir durante ese breve espacio de tiempo ha exigido una cadena casi interminable de buena suerte.
Estamos en realidad en el principio de todo. El truco consiste, sin duda en asegurarse de que nunca encontremos el final. Y es casi seguro que eso exigirá muchísimo más que golpes de suerte.

Una breve historia de casi todo
Bill Bryson

lunes, octubre 15, 2007

Artículos de las costumbres (Mariano José de Larra)

Hombre del pueblo, la igualdad ante la ley existirá cuando tú y tus semejantes la conquistéis; cuando yo sea la verdadera sociedad y entre en mi composición el elemento popular; llámanme ahora sociedad y cuerpo, pero soy un cuerpo truncado: ¿y no ves que no tengo sino cabeza, que es la nobleza, y brazos, que es la curia, y una espada ceñida, que es mi fuerza militar? Pero ¿no ves que me falta la base del cuerpo, que es el pueblo? ¿No ves que ando sobre él, en vez de andar con él? ¿No ves que me falta el alma, que es la inteligencia del ser, y que sólo puede resultar del completo y armonía de lo que tengo, y de lo que me falta, cuando lo llegue a reunir todo? ¿No ves que no soy la sociedad, sino un monstruo de sociedad? ¿Y de qué te quejas, pueblo? ¿No renuncias a tus derechos en el acto de no reclamarlos? ¿No lo autorizas todo sufriéndolo todo? Si tú eres mis pies, ¿por qué no te colocas debajo de mí y me haces andar a tu placer, y no que das lugar a que ande malamente, con muletas?

Artículos de las costumbres
Mariano José de Larra

Paisaje (Federico García Lorca)

[...]
Todo llora por costumbre.
Todo el campo se lamenta
sin darse cuenta.
Yo, por no desafinar,
digo por educación:
"¡Mi corazón!"
Pero una grave tristeza
tiñe mis labios manchados
de pecados.
Yo voy lejos del paisaje.
Hay en mi pecho una hondura
de sepultura.
[...]

Paisaje
Federico García Lorca

viernes, octubre 12, 2007

Defensa de la Hispanidad (Ramiro de Maeztu)

La Hispanidad, desde luego, no es una raza. [...] Sólo podría aceptarse en el sentido de evidenciar que los españoles no damos importancia a la sangre ni al color de la piel, porque lo que llamamos raza no está constituido por aquellas características que pudieran transmitirse al través de las obscuridades protoplásmicas, sino por aquellas otras que son luz del espíritu, como el habla y el credo. La Hispanidad está compuesta de hombres de las razas blanca, negra, india y malaya, y sus combinaciones, y sería absurdo buscar sus características por los métodos de la etnografía.
También por los de la geografía. Sería perderse antes de echar a andar. La Hispanidad no habita una tierra, sino muchas y muy diversas. La variedad del territorio peninsular, con ser tan grande, es unidad si se compara con la del que habitan los pueblos hispánicos. Magallanes, al Sur de Chile, hace pensar en el Norte de la Escandinavia. Algo más al Norte, el Sur de la Patagonia argentina, tiene clima siberiano. El hombre que en esas tierras se produce no puede parecerse al de Guayaquil, Veracruz o las Antillas, ni éste al de las altiplanicies andinas, ni éste al de las selvas paraguayas o brasileñas. Los climas de la Hispanidad son los de todo el mundo. Y esa falta de características geográficas y etnográficas no deja de ser uno de los más decisivos caracteres de la Hispanidad. Por lo menos es posible afirmar, desde luego, que la Hispanidad no es ningún producto natural, y que su espíritu no es el de una tierra ni el de una raza determinada.

Defensa de la Hispanidad
Ramiro de Maeztu

Sueño de flautas (Herman Hesse)

Enseguida empecé una canción acerca de cómo el rayo de sol está enamorado de las rojas amapolas y juega con ellas lleno de alegría. Y de la hembra del pinzón, cuando aguarda al pinzón y al llegar éste vuela como si estuviera asustada. Y seguí cantando acerca de la muchacha de ojos pardos y del joven que llega y canta y recibe un pan de regalo; pero ahora no quiere más pan, quiere un beso de la doncella y quiere ver dentro de sus ojos pardos, y canta y canta hasta que ella empieza a sonreír y le cierra la boca con sus labios.

Sueño de flautas
Herman Hesse